da Guadalajara: impressioni su Italo Calvino, Marcovaldo

ricordandovi che giovedì alle ore 19.00 in biblioteca si terrà l’annunciato incontro in videoconferenza con il GdL di Guadalajara (Spagna) sul libro Marcovaldo di Italo Calvino, qui sotto trovate il documento preparato per l’occasione dalla coordinatrice dei gruppi spagnoli, Concha Carlavilla.
A presto

Luca F.

IMPRESIONES RECOGIDAS DE LA REUNIÓN DE MARCOVALDO

17-10-2006

La primera sesión del club experimental tuvo lugar el diecisiete de octubre a las 18:30 h. Estuvimos presentes seis de los trece miembros que formamos parte del grupo, los que no asistieron fue por motivos de trabajo o personales.

En este documento he intentado respetar el orden de las ideas que fueron surgiendo para ajustarme lo más fielmente posible al desarrollo de nuestro encuentro, aunque hay algunas aportaciones nuevas que me han parecido oportunas para completar algunos de los pensamientos que se expresaron.

Abrimos la sesión con la lectura de una carta manuscrita que nos hizo llegar Pili Zori ya que le era imposible acudir a la reunión. En ella hacía mención a la preocupación constante de Italo Calvino por el hombre natural en contraste con el hombre socializado y que también se muestra en El Barón Rampante, el enfrentamiento entre las leyes de la naturaleza y las de la civilización, una dicotomía a la que el lector se enfrenta a través del protagonista de esta obra: Marcovaldo, un trabajador humilde que busca la felicidad, el bienestar, la paz dentro de la vorágine de la gran ciudad. Marcovaldo recuerda a aquellos hombres rurales que emigraban a las ciudades y a los que en España se llamaban paletos o catetos de forma peyorativa y que tenían que enfrentarse a la vida urbana. Italo Calvino invierte este concepto valorando la mirada especial de su personaje principal como un privilegio.

Tras la lectura de la carta se desató el debate. Se puntualizó que Marcovaldo no es un hombre de origen rural sino urbano y que la añoranza de la naturaleza no es causa de la pérdida de lo ya conocido sino más bien una búsqueda, un deseo de libertad que habita en cualquier ser humano.

Se comentó que en casi todos los relatos aparece la insatisfacción como una constante en muchos de los personajes y no sólo en Marcovaldo, así mencionamos los relatos de La fiambrera, De unas vacaciones en un banco o Los hijos de Papá Noel, y se lanzó la siguiente pregunta: ¿Idealismo e insatisfacción van siempre unidos? A lo que se contestó que, en primer lugar, habría que definir idealismo. Si consideramos el término en su significado más cotidiano, es decir, aplicado a la actitud del sujeto que intenta transformar el mundo, que tiende a representar las cosas elevándose por encima de la realidad, sí podríamos decir que la persona idealista chocará una y otra vez con las aristas materiales, sin embargo el idealismo de Marcovaldo no es un idealismo intelectual sino una manera de buscar otras realidades a través de otra forma de mirar.

En este sentido se habló del “ojo” especial de Marcovaldo como un don que sólo unos pocos poseeen. Ese ojo es el motor de su vida, el que le conduce a evadirse de la monotonía de su trabajo, de los condicionantes cotidianos. Su manera de mirar le hace feliz y libre, aunque sólo sea en el campo del deseo, de la ilusión o del sueño. A todos nos gustó mucho cómo expresa esta idea Calvino en el primer cuento, así que leímos el tercer párrafo en voz alta: “Tenía este Marcovaldo un ojo poco adecuado a la vida de ciudad…En cambio una hoja que amarilleara en una rama, una pluma que quedase enganchada en una teja, nunca se le pasaba por alto…

Destacamos la crítica irónica del autor en algunos de sus cuentos hacia algunos aspectos de la vida urbana: la publicidad, el consumismo feroz, las fiestas cíclicas, el trabajo como agente alienante del individuo, etc. y hablamos de Luna y Gnac, Marcovaldo en el supermercado, Donde es más azul el río, Los hijos de Papá Noel o El bosque de la autopista. Nos llamó la atención cómo siendo un libro escrito entre los años 1957 y 1963, era posible que ya existieran en Italia las grandes superficies comerciales y que el consumismo compulsivo estuviera ya tan presente. Comparándolo con la España de los mismos años, observamos una gran diferencia ya que aquí este fenómeno no comenzó hasta finales de los años 70 y principios de los 80. A este respecto, se plantearon varias posibilidades: o bien que Calvino se anticipara a su época o bien que realmente sí existieran ciudades como Milán o Turín con estas características; también se argumentó que Calvino viajó a Estados Unidos en varias ocasiones y que a finales de los años cincuenta viaja a Nueva York y este hecho pudo influir a la hora de describir el relato del supermercado.

A partir de aquí enlazamos con la visión de la ciudad que nos ofrece el autor, que no es una ciudad sino La Ciudad, una idea de ciudad universal, arquetípica, y que ya Calvino nos previene en el prólogo. El lector debe hacer un esfuerzo por distanciarse de lo concreto y pensar más en lo mítico. De igual forma no podemos reconocer ningún entorno natural concreto, lo que Calvino plantea es un paisaje idílico, la Arcadia soñada que seguramente se ubica dentro de nosotros y que Marcovaldo se aventura a buscar día tras día, estación tras estación.

Esa búsqueda de Marcovaldo nos recordó a los poetas románticos y otros artistas de finales del siglo XVIII y XIX: Calvino construye un personaje heroico que intenta recuperar el lado salvaje y limpio del individuo, que se sumerge en el mundo de los instintos y los deseos con la ayuda de la observación de la naturaleza y sus leyes, frente a la arquitectura fría y racional de lo establecido. En las veinte fábulas sabias de Calvino siempre nos topamos con dos caminos, dos bifurcaciones: la ciudad y la naturaleza (tanto vegetal como animal), la vigilia y el sueño, la obligación y el deseo, el paisaje experimentado y el paisaje mental. Como en Alicia, Calvino nos propone seguir al conejo blanco, experimentar una vida paralela que nos haga más felices, más libres o no, pero por lo menos, probarlo.

Alguno de los miembros del grupo vio en los relatos una estructura un tanto rígida, siempre son situaciones extremas las que se describen: o blanco, o negro y lejos queda una propuesta intermedia, y que esto le producía desasosiego. A este respecto también se dijo que los relatos de Calvino se parecen mucho a las fábulas y que por tanto las fábulas, como los cuentos tradicionales siguen esquemas rígidos de manera intencionada, aunque Calvino no pretende impartir lecciones sapienciales sino que lo simbólico lo utiliza como un recurso que funciona no sólo para embellecer el texto, sino también para que el lector abra la puerta a otra dimensión, y hay elementos simbólicos tanto urbanos como de la naturaleza: el conejo, la liebre, el bosque, el lobo, el banco, el luminoso, el color blanco, el tejado, el jardín, etc.

También se resaltó cómo el autor es bastante cruel con el lector: hay relatos que prometen un final feliz, sin embargo Calvino nos da una de cal y otra de arena, rompe el hechizo, la ilusión de forma brusca, y es implacable, la risa y lo amargo van de la mano en cada relato. Aún así, Marcovaldo sigue teniendo esperanza, no pierde la ilusión, su “ojo especial” le salva también de forma implacable.

Todos estuvimos de acuerdo en destacar el lenguaje poético y musical de la obra: empezando por el título Marcovaldo o sea las estaciones de la ciudad y la estructura dividida en cinco ciclos naturales; el principio y el final del libro nos parecieron especialmente poéticos porque tienen el poder de crear unos paisajes que cuando los imaginas te transportan, te llevan de viaje, te regalan imágenes muy hermosas (leímos los últimos párrafos del final en voz alta, terminando con la página en blanco como si fuera un horizonte de nieve por descubrir).

El cine estuvo muy presente en nuestra reuión, tanto por las películas que se nos venían a la cabeza, como por lo que tuvo de evasión en la época de la posguerra. Marcovaldo nos recordó el cine de Andrés Berlanga y su “Plácido”, Chaplin y “La quimera del oro”, Jacques Tati y “Mi Tío”, “La vita è bella” de Roberto Benigni, otras del neorrealismo italiano como “Miracolo a Milano” de Vittorio De Sica. El relato de La parada equivocada en la que Marcovaldo se refugia en el cine para olvidarse de su “casa inhóspita” nos hizo rememorar lo que el cine supuso para los que vivieron la posguerra en España, alguno de los miembros del club hablaba de esperar con gran avidez las películas de sesión continua que se proyectaban en ciudades de provincia como Guadalajara: el cine iluminó las vidas difíciles en los tiempos oscuros de la Dictadura. En este relato Calvino regala a su protagonista un billete con parada en La India y al lector le hace coger el tren del sueño en mitad de la niebla.

Casi todos estuvimos de acuerdo en la vigencia de la obra y de la visión profética de su autor de la sociedad contemporánea, que cada relato sería merecedor de un amplio debate, y hubo alguien que pensó en titular cada uno de ellos con un refrán, por ejemplo el cuento Setas en la ciudad podría llamarse “La ignorancia mata” y que todos tenemos algo de Marcovaldo.

Acabamos la reunión leyendo una reflexión del autor sobre la literatura incluida en el ensayo de Glòria Bosch Citando a Calvino: “…Alguien podrá objetar que cuanto más tiende la obra a la multiplicación de los posibles, más se aleja del unicum que es el self de quien escribe, la sinceridad interior, el descubrimiento de la propia verdad. Al contrario, respondo, ¿qué somos, qué es cada uno de nosotros sino una combinatoria de experiencias, de informaciones, de lecturas, de imaginaciones? Cada vida es una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles”.

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